Cuando hay algo que no queres ni pensar, algo que te perturba e incomoda por el simple hecho de existir como posibilidad, creo que es porque hay algo ahí que estaría bueno revisar. Hoy escribo para acomodarme, para brindarme un espacio conocido de reflexión y por qué negarlo, escribo como un desesperado intento de clarificación. Ya no intento solucionar con las palabras, pero no niego que hay un lugarcito en el que me hacen sentir cierta paz. Hasta hace poco tenía la certeza irreductible de que no quería algo, estaba tan segura que daba miedo. Empecé a dudar, no quería dudar. Vi cosas mías que están rígidas, que están funcionando mal, no quería funcionar mal. Sentí miedo a haberme equivocado, no quiero haberme equivocado.
Quiero y no quiero muchas cosas, pero eso no es lo importante. Querer y no querer me llevó a lugares de mi cabeza que tiraron fuerte del cable que me conectaba conmigo misma y dejaron tan solo un triste camino de tierra en donde debería haber una autopista. Me dividí y enrosqué con mil pensamientos que no llevaron a ningún lado.
Tarde pero seguro, allá a lo lejos andando despacito por la calle de tierra venía la claridad. Si, tenía razón en algunas de las cosas que había pensado. No, no pude ver en su momento lo amenazada que me sentí y los pocos recursos que tuve para afrontar la situación. Si, hoy veo un par de matices más. No, no tengo seguridad alguna de no estar equivocándome de nuevo.
En fin, hoy intento conectarme, ver mis puntos débiles y romper viejos modelos de funcionamiento. Intento encontrar mi forma de ser mujer, de permitirme ser cuidada, de compartir. Busco dentro de todos los posibles modelos algo propio, una extracción de pequeñas cosas de cada uno que me hagan sentir más yo.
Voy a intentar asfaltar la calle de tierra, iluminarla y hacerla transitable. Y si, supongo que es inevitable que hayan peajes.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
lunes, 8 de junio de 2015
Dos días: lo bueno y la claridad.
Día uno:
Quiero escribir sobre alguien, voy a escribir solo lo bueno. Es algo asi como un ejercicio, lo bueno y lo real. Esto último me resulta mas complicado pero pretendo detectar y dejar de lado mis creaciones y agregados para registrar solo aquello que existe y pude comprobar fenomenologicamente.
Esta persona es demasiado libre. Tiene la sutileza necesaria para hacer lo que quiere, como quiere, cuando quiere, con quien quiere. Suena a poca cosa, pero estuve reflexionando sobre esa cualidad y me di cuenta que es difícil ser así en una realidad como esta. Existimos en una cultura que muchas veces desde antes de nuestro nacimiento nos condiciona y pone pautas sobre el camino que deberíamos seguir, sobre lo que esta bien y lo que esta mal, sobre lo que hay que desear y lo que hay que rechazar. Nos criamos con mandatos, con estilos de vida, con planes a futuro que muchas veces son incorporados desde afuera hacia adentro y sin embargo nos convencemos de que es algo propio.
Esta intencionalidad que le atribuyo puede malinterpretarse, lo que me gustaría resaltar es que si bien esa persona hace lo que quiere, no lo hace desde el lugar de pasar por arriba al otro, sino que lo hace como quien se desliza de momento a momento eligiendo aquello que mejor le hace. Es una sutileza que yo hasta hace un tiempo no comprendía, quizás en el pasado mi fuerte nunca fue ser sutil. El microsegundo a microsegundo, el entrar en contacto consigo mismo y con aquello que le da ganas de vivir. Es alguien que puede hacer una lectura de una situación desde lo vivencial, desde la sensación y la intuición: aquello que está implícito y a lo que no muchas personas le dan bola pero que la mayoría de las veces es completamente acertado. La capacidad de transparentar situaciones, de decir con inocencia consciente aquello que también estaba flotando en mi aire. Saber estar consigo, encontrar herramientas y situaciones que se lo permiten. La responsabilidad de ser el mismo. El reino del absoluto sentir.
Día dos:
Entendí a alguien. Durante una secuencia de minutos, sonidos y respiraciones pude vislumbrar algo que antes solo veía desde afuera, desde la frontera. Ayer entendí un momento, mil piezas de rompecabezas que estaban desparramadas en mi mente formaron una armoniosa imagen, un despejado panorama de lo que sucedía en ese instante de mi vida y sus motivos de ser. Fue como si una puerta enorme se abriera ante mis ojos y me permitiera ver eso que me estaba pasando, con su lógica y sentido.
Que loco que la realidad este tan cerca y sin embargo a veces pueda estar tan lejos.
Que loco perderse en la neblina de la confusión y súbitamente ver la claridad en todo su resplandor.
Que lindo cuando dentro del sin sentido que perturba la existencia humana podemos encontrar un sentido propio, personal y único.
Que lindo cuando encontrandote con otros te encontras con vos mismo. Pocas cosas mas satisfactorias que hilar toda una vivencia y resignificarla entendiendo aquello que antes no podíamos.
Que lindo entender, pero ojo, no hablo del entender intelectual que siempre me sedujo, hablo de un entender totalitario. La unión de las partes, la fusión de lo que es opuesto pero complementario, el equilibrio entre aquello que es constitutivo pero debemos encontrar y poner en su correcto grado.
Que difícil entender profundamente a alguien y no poder comunicarlo con cosas concretas como son las palabras, que difícil y que lindo, me atrae ambiguamente que hayan cosas que escapen a la limitación de lo que podemos materializar.
De las personas que elegimos tener cerca, siempre nos resuena algo en nuestro interior y entender aquello que aporta alguien a tu vida (más allá de lo cultural, lo social y demás agregados mundanos) es de las cosas mas amorosas que pueden pasarte. El poder estar con vos y estar con otro, algo que suena tan simple y realizable, es uno de los desafíos que más difíciles pero que más satisfacción me genera. La filosofía de confianza en el otro, de detectar y reconocer que tiene algo personal que lo hace irrepetible, de verlo como es y mostrarnos como somos. Lo sincero de desearnos mutuamente que podamos ser el 100% de nuestras potencialidades, esas cosas latentes que nos vemos el uno al otro y que nos habitan como seres únicos que (todos) somos.
De anoche me llevo un lugar, fue como el último y más importante adorno que necesitaba para crear en mi misma un lugarcito al que recurrir cuando quiera esa óptica que tanto me costó validar y equilibrar. Pensar y sentir. Sentir y pensar.
Hoy entiendo, cada engranaje esta sincronizado a la perfección en la combinación tiempo-espacio-sentido. No se a qué fuerza superior se agradece esto, pero gracias. Gracias a mi. Gracias a vos.
Quiero escribir sobre alguien, voy a escribir solo lo bueno. Es algo asi como un ejercicio, lo bueno y lo real. Esto último me resulta mas complicado pero pretendo detectar y dejar de lado mis creaciones y agregados para registrar solo aquello que existe y pude comprobar fenomenologicamente.
Esta persona es demasiado libre. Tiene la sutileza necesaria para hacer lo que quiere, como quiere, cuando quiere, con quien quiere. Suena a poca cosa, pero estuve reflexionando sobre esa cualidad y me di cuenta que es difícil ser así en una realidad como esta. Existimos en una cultura que muchas veces desde antes de nuestro nacimiento nos condiciona y pone pautas sobre el camino que deberíamos seguir, sobre lo que esta bien y lo que esta mal, sobre lo que hay que desear y lo que hay que rechazar. Nos criamos con mandatos, con estilos de vida, con planes a futuro que muchas veces son incorporados desde afuera hacia adentro y sin embargo nos convencemos de que es algo propio.
Esta intencionalidad que le atribuyo puede malinterpretarse, lo que me gustaría resaltar es que si bien esa persona hace lo que quiere, no lo hace desde el lugar de pasar por arriba al otro, sino que lo hace como quien se desliza de momento a momento eligiendo aquello que mejor le hace. Es una sutileza que yo hasta hace un tiempo no comprendía, quizás en el pasado mi fuerte nunca fue ser sutil. El microsegundo a microsegundo, el entrar en contacto consigo mismo y con aquello que le da ganas de vivir. Es alguien que puede hacer una lectura de una situación desde lo vivencial, desde la sensación y la intuición: aquello que está implícito y a lo que no muchas personas le dan bola pero que la mayoría de las veces es completamente acertado. La capacidad de transparentar situaciones, de decir con inocencia consciente aquello que también estaba flotando en mi aire. Saber estar consigo, encontrar herramientas y situaciones que se lo permiten. La responsabilidad de ser el mismo. El reino del absoluto sentir.
Día dos:
Entendí a alguien. Durante una secuencia de minutos, sonidos y respiraciones pude vislumbrar algo que antes solo veía desde afuera, desde la frontera. Ayer entendí un momento, mil piezas de rompecabezas que estaban desparramadas en mi mente formaron una armoniosa imagen, un despejado panorama de lo que sucedía en ese instante de mi vida y sus motivos de ser. Fue como si una puerta enorme se abriera ante mis ojos y me permitiera ver eso que me estaba pasando, con su lógica y sentido.
Que loco que la realidad este tan cerca y sin embargo a veces pueda estar tan lejos.
Que loco perderse en la neblina de la confusión y súbitamente ver la claridad en todo su resplandor.
Que lindo cuando dentro del sin sentido que perturba la existencia humana podemos encontrar un sentido propio, personal y único.
Que lindo cuando encontrandote con otros te encontras con vos mismo. Pocas cosas mas satisfactorias que hilar toda una vivencia y resignificarla entendiendo aquello que antes no podíamos.
Que lindo entender, pero ojo, no hablo del entender intelectual que siempre me sedujo, hablo de un entender totalitario. La unión de las partes, la fusión de lo que es opuesto pero complementario, el equilibrio entre aquello que es constitutivo pero debemos encontrar y poner en su correcto grado.
Que difícil entender profundamente a alguien y no poder comunicarlo con cosas concretas como son las palabras, que difícil y que lindo, me atrae ambiguamente que hayan cosas que escapen a la limitación de lo que podemos materializar.
De las personas que elegimos tener cerca, siempre nos resuena algo en nuestro interior y entender aquello que aporta alguien a tu vida (más allá de lo cultural, lo social y demás agregados mundanos) es de las cosas mas amorosas que pueden pasarte. El poder estar con vos y estar con otro, algo que suena tan simple y realizable, es uno de los desafíos que más difíciles pero que más satisfacción me genera. La filosofía de confianza en el otro, de detectar y reconocer que tiene algo personal que lo hace irrepetible, de verlo como es y mostrarnos como somos. Lo sincero de desearnos mutuamente que podamos ser el 100% de nuestras potencialidades, esas cosas latentes que nos vemos el uno al otro y que nos habitan como seres únicos que (todos) somos.
De anoche me llevo un lugar, fue como el último y más importante adorno que necesitaba para crear en mi misma un lugarcito al que recurrir cuando quiera esa óptica que tanto me costó validar y equilibrar. Pensar y sentir. Sentir y pensar.
Hoy entiendo, cada engranaje esta sincronizado a la perfección en la combinación tiempo-espacio-sentido. No se a qué fuerza superior se agradece esto, pero gracias. Gracias a mi. Gracias a vos.
miércoles, 27 de mayo de 2015
Una vez me dijeron que lo mas personal es lo mas universal.
Hasta hace poco tuve un camino a seguir, metas y objetivos que ordenaban cronologicamente mi vida y que determinaban cuán bien o mal debería estar. Empecé a dudar de ese camino, me di cuenta que mi vida no tiene por que estar sobredeterminada, tendiendo hacia un camino específico. Esto me despertó curiosidad sobre que otras cosas hay disponibles para mi, lo cual no significa cambiar algo real de mi rutina o las cosas que hago actualmente. Es mas una cuestión de enfoque que de contenido. De repente sentí el peso de la enorme libertad que tengo en esta etapa, el peso o la levedad, como prefieran llamarlo. Me vi apreciando la vida de otros, respetando sus elecciones, no peleando con eso que para mi estaba mal sino validando que cada uno elige lo que quiere para su vida. Devalué mi personaje mas preciado, el de ayudadora (dicen que la ayuda es el lado soleado del control). Me permití ser y permití a los otros que sean.
Estas palabras están despojadas de la falsa ilusión de significar mi experiencia en un 100%, son mas bien un recordatorio personal sobre esta etapa tan extraña y cómoda de mi vida.
Me siento atrapada en la ambiguedad del lenguaje, en la limitación de las palabras y la posibilidad de exteriorizar en algún grado las cosas que transcurren en mi interior. Hoy mas que nunca, creo que las mejores cosas (y a veces las peores) son aquellas que no pueden explicarse con palabras. El sexo, la música, las sensaciones que atrapan nuestra corporeidad y por otro lado la total ausencia de ellas, es decir la muerte. Qué atractivo aquello que no podemos simbolizar mentalmente en su totalidad, aquello que escapa a nuestra supuesta característica esencial: la de ser animales racionales. Qué lindos esos momentos que te sacan del trance de lo "normal" y te recuerdan que te pasan cosas, cosas que exceden tu capacidad de control. Es tan sencillo y a la vez tan intrincado. Quizás la belleza de la vida está ahi, en la incapacidad de "comprenderlo" pero a su vez captarlo con extrema precisión.
Me escribo esto para recordarme, para poner de forma medianamente tangible algo que no quiero cederle al desgaste de mi memoria. Me escribo para contarme que en un momento me desprendí temporalmente de mandatos y supuestos para poder hacer lo que tenía ganas, como tenía ganas, cuando tenía ganas. Que perdí la necesidad de control, que me deje llevar por lo que me sucedía sin programar ni temerle a lo que vaya (o no) a pasar en un futuro.
Me escribo para contarme que estoy siendo responsablemente adolescente, me escribo para pedirme que cuando vuelva a sumergirme en un plan de vida (espero que mas subjetivamente diseñado) me acuerde de esta sensación de levedad, de los lazos sin dependencia, de ser como tengo ganas de ser.
Hoy quiero encontrarme conmigo, encontrarme con otros, estoy encariñandome con la simpleza de hacer lo que convoca las ganas, la intencionalidad sin juicios ni planes, tan solo el momento a momento.
Una vez me dijeron que lo más personal es lo mas universal, y no se si ustedes sentiran lo mismo, pero que simplemente profunda es la vida vivida desde las entrañas.
Estas palabras están despojadas de la falsa ilusión de significar mi experiencia en un 100%, son mas bien un recordatorio personal sobre esta etapa tan extraña y cómoda de mi vida.
Me siento atrapada en la ambiguedad del lenguaje, en la limitación de las palabras y la posibilidad de exteriorizar en algún grado las cosas que transcurren en mi interior. Hoy mas que nunca, creo que las mejores cosas (y a veces las peores) son aquellas que no pueden explicarse con palabras. El sexo, la música, las sensaciones que atrapan nuestra corporeidad y por otro lado la total ausencia de ellas, es decir la muerte. Qué atractivo aquello que no podemos simbolizar mentalmente en su totalidad, aquello que escapa a nuestra supuesta característica esencial: la de ser animales racionales. Qué lindos esos momentos que te sacan del trance de lo "normal" y te recuerdan que te pasan cosas, cosas que exceden tu capacidad de control. Es tan sencillo y a la vez tan intrincado. Quizás la belleza de la vida está ahi, en la incapacidad de "comprenderlo" pero a su vez captarlo con extrema precisión.
Me escribo esto para recordarme, para poner de forma medianamente tangible algo que no quiero cederle al desgaste de mi memoria. Me escribo para contarme que en un momento me desprendí temporalmente de mandatos y supuestos para poder hacer lo que tenía ganas, como tenía ganas, cuando tenía ganas. Que perdí la necesidad de control, que me deje llevar por lo que me sucedía sin programar ni temerle a lo que vaya (o no) a pasar en un futuro.
Me escribo para contarme que estoy siendo responsablemente adolescente, me escribo para pedirme que cuando vuelva a sumergirme en un plan de vida (espero que mas subjetivamente diseñado) me acuerde de esta sensación de levedad, de los lazos sin dependencia, de ser como tengo ganas de ser.
Hoy quiero encontrarme conmigo, encontrarme con otros, estoy encariñandome con la simpleza de hacer lo que convoca las ganas, la intencionalidad sin juicios ni planes, tan solo el momento a momento.
Una vez me dijeron que lo más personal es lo mas universal, y no se si ustedes sentiran lo mismo, pero que simplemente profunda es la vida vivida desde las entrañas.
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