A veces me da miedo, me da miedo lo que pueda llegar a salir de adentro mío. Tengo la desconfianza como alarma, un microinstante de precaución. Es un miedo casi primitivo, irracional.
Porque resistirme a mi misma es un habito aprendido, ya hace un tiempo vengo tratando de desecharlo. Creo que en algún momento habrá sido útil pero ahora estoy abierta a ver, a darme cuenta, a registrar lo que me pasa y aceptarlo.
Y como tengo el mecanismo tan armado, a veces ni me doy cuenta que lo prendo.
Y otras se que esta andando y sin embargo no lo puedo apagar.
Es como si una fuerza bloqueadora se prendiera adentro mío cada vez que intento ponerme en contacto con emociones de las que en algún momento necesite protegerme. Hoy quiero sacar la cortina de humo y ver a través.
Se que hay algo que estoy distorsionando, algo que estoy deformando y bloqueando. Se que tengo motivos para hacerlo, pero me siento abierta. Siento que puedo con eso y sin embargo no logro escucharme. Solo está el ruido, el ruido del desorden, de la rareza, de decir algo y creer que en un lugar es cierto pero en otro no. Tengo interferencias en la comunicación conmigo misma. Porque a veces pasa, tenemos mala señal. Necesito volver a conectar y conseguir un poco de claridad.
Creo que debe ser más simple de lo que pienso, es porque justamente mi espiral mental va tan lejos cuando hay desorden que pierdo el criterio para diferenciar mi verdad del ruido.
Y tengo esa sensación, muy sutil, de que se lo que me pasa.
Y no se si no se lo quiero decir a mi cabeza o a mi corazón.
lunes, 26 de septiembre de 2016
jueves, 15 de septiembre de 2016
Escribiendo desde esquinas
Estoy sentada en una esquina. El sol me quema la piel mientras espero que me traigan el desayuno. Alguien que ya no soy le quiere escribir a alguien que ya no está y que quizás nunca estuvo. Si serán escurridizos el tiempo y el espacio, van muy rápido. Creo que el ser humano es como un modelo viejo de computadora, de esas todas destartaladas que intentan procesar cantidades enormes de información y se traban a cada rato.
Y acá estoy, con la pantalla en blanco, intentado procesar algo de otra temporada. Es que siento que si no proceso esa información no voy a poder procesar nada nuevo, no voy a dejar que entre nada más. Pero bueno, el destiempo y los compromisos tienen sus razones. La balanza pesa más de un lado que del otro.
Este desdoblamiento interno, yo de ahora y yo del pasado, chocan y negocian. Se sacan partes, se miran con lupa, intentan convivir en un mismo espacio, intentan entenderse y aceptar que ambas existen. Es como una lucha entre el tiempo y el no tiempo. Entre un incesante presente y el caprichoso pasado.
A veces en la falsa tristeza de sentirme sola, me olvido que soy yo. Me olvido que soy muchas, muchas yo en muchos planos simultáneos de tiempo-espacio. Y miro hacia afuera desde alguna de mis partes, desde alguna de mis esquinas. Algunas se sienten solas, otras no.
Es tiempo para mi, para estar con todas mis yo.
Y cuando estoy sola, cuando estoy conmigo, la vida es amena. La gente es simpática, el clima me acompaña, los planes se acomodan, las obligaciones se relajan y disfruto. Disfruto mis compañías.
Y acá estoy, con la pantalla en blanco, intentado procesar algo de otra temporada. Es que siento que si no proceso esa información no voy a poder procesar nada nuevo, no voy a dejar que entre nada más. Pero bueno, el destiempo y los compromisos tienen sus razones. La balanza pesa más de un lado que del otro.
Este desdoblamiento interno, yo de ahora y yo del pasado, chocan y negocian. Se sacan partes, se miran con lupa, intentan convivir en un mismo espacio, intentan entenderse y aceptar que ambas existen. Es como una lucha entre el tiempo y el no tiempo. Entre un incesante presente y el caprichoso pasado.
A veces en la falsa tristeza de sentirme sola, me olvido que soy yo. Me olvido que soy muchas, muchas yo en muchos planos simultáneos de tiempo-espacio. Y miro hacia afuera desde alguna de mis partes, desde alguna de mis esquinas. Algunas se sienten solas, otras no.
Es tiempo para mi, para estar con todas mis yo.
Y cuando estoy sola, cuando estoy conmigo, la vida es amena. La gente es simpática, el clima me acompaña, los planes se acomodan, las obligaciones se relajan y disfruto. Disfruto mis compañías.
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