viernes, 27 de septiembre de 2013

Perderse para encontrarse

Hace un par de meses se me instaló en la cabeza la idea de que ya no me pierdo. Siempre todo está programado, los horarios, las actividades, las relaciones.
Que tristeza sentí cuando me di cuenta de que era totalmente cierto, es como si mi vida estuviera en piloto automático, hay alguien manejando por mi. Ya no decido, solo actúo.
Igual es lo mismo, está todo predestinado, es más fácil sentarse a ver la mediocridad propia que levantarnos y mover el culo un rato.
Nosotros mismos nos privamos de la libertad de perdernos. Hacemos siempre el mismo recorrido, por el mismo lugar, con la misma gente. 
Y si no es igual, es parecido, es aburrido, es monótono. Ya nada tiene color, pocas cosas te divierten. Nada te hace feliz, sabes que es tu responsabilidad. Pero en el instante que asumiste haber perdido el control, lo retomaste. Y te perdiste. Te perdiste en la hermosa infinidad de opciones y elecciones que cotidianamente vemos oscuras y difusa, como la niebla. Ahora todo tiene color, en cada paso elegís hacia donde avanzar y con quien, sólo ves luces y colores. Elegís los personajes de tu película, por un instante te diste cuenta que sos el director además del personaje principal, que todo pasa por el filtro de tu percepción, que nada es objetivo, que todo depende del encuadre que hagas y que te guste o no, el presente es pasado y futuro. Sólo hay que saber elegir en donde perderse, si en la melancolía, en la esperanza o en el ahora.
Y como diría una de mis mayores guías, perdiéndote del presente te estas perdiendo de pasado y del futuro.
Porque el pasado no existe. Y el futuro tampoco.

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