Descubrí un método. No tan largo como el Discurso del Método de Descartes o El discurso del rey, la película. Un método que tiene un objetivo claro, un problema a resolver. Un método casi científico, de esos con contrastación empírica y consecuencias lógicas. Bueno, no se si tanto pero igual les cuento.
Es un método para acordarse, para combatir el despiste y la falla de memoria tanto a corto como a largo plazo. Es fácil, sólo tenes que acostumbrarte a usarlo, como si fuera un reloj o un anillo que usas a diario. Es aplicable para aquellos que se conocen lo suficiente como para saber que se van a olvidar, que ese momento se va a escurrir rápidamente sin fijarse en su cabeza. Es para aquellos que sienten que su vida es como una película que está en foward, las dos flechitas del reproductor que permiten acelerar el ritmo. Para los que ponen poca atención, o los que por más que intenten no pueden acordarse los detalles de una situación. Para los melancólicos, para los que buscan afirmar su presente y por lo tanto su pasado. Para los que quieren una vida más intensa.
Como me considero dentro del grupo de personas incapacitadas para almacenar situaciones pasadas en la memoria, intenté buscar una solución a esto. Reglas de memoria, juegos de palabras, asociaciones de contenidos nuevos con ya existentes. Nada. No me sirvió. Entonces me resigné, asumí no estar mentalmente predispuesta para recordar el detalle extremo de lo banal, para el almacenamiento de lo irrecuperable. Entonces sentí un vacío, el vacío que dejaba el pasado escurriéndose entre mis neuronas poco atentas. Si, poco optimista, pero ya les adelanté que tengo una solución. Por lo menos para mí clasifica como tal, y si yo que era racional hasta la médula pude aplicarlo vos también. Prestá atención.
Cuando estas en una situación que te gusta mucho y que te encantaría recordar pone pausa mentalmente por una fracción de segundo. Frenas, no es tan difícil, como cuando manejas o como la cámara cuando saca una foto. Una vez que frenaste y te diste cuenta que te queres acordar de ese momento, haces algún movimiento que te sirva de cable a tierra no se apretá los puños de las manos, aplaudí, pestañeá tres veces, agarrate una teta, lo que se te ocurra. Tiene que ser algo físico y puede ir desde lo espástico hasta lo más sutil. Bueno, ya casi termina, te dije que era fácil.
Una vez que hiciste algo físico, que tuviste la sensación corporal de estar haciendo algo completamente voluntario, tenes que prestar atención adentro. Inmediatamente después de la acción física y sin pensar mucho, tenes que preguntarte que sentís en esa situación que queres recordar. No, no le pongas palabras, solo observalo, miralo atentamente y fijate que te genera. Eso que te genera, al prestarle atención se guarda, se linkea directamente con la experiencia mundana que estas atravesando. Entonces cuando quieras acordarte detalladamente de un momento, de una persona, de una situación particular, automáticamente viene el link adjunto. Y con la sensación, con eso que la situación te dejo adentro, ya sobra. No hace falta acordarse el color de remera que tenía puesta, el escenario físico donde ocurrió, la fecha cronológica. Todo deja de importar. Estas reviviendo ese momento, voluntariamente, la cantidad de veces que tengas ganas. Si, epistemológicamente hablando me quedo medio corta, pero funciona, te lo aseguro en carne propia.
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