viernes, 6 de enero de 2017

Compartimientos

Lo que detonó este vacío fue haber conocido a Clara. Volvía de cenar unos tacos cuando la vi sentada en el banquito que esta frente a casa, cruzando la calle.
Yo inauguraba mis 30 años siendo una persona común y corriente: trabajaba demasiado, ejercitaba y dormía lo mejor que podía. No tenía mucha vida social pero trataba de ver a mi familia una vez por semana y juntarme con amigos ocasionalmente. Tenía días en que leía algo o veía una película por internet. Muy cada tanto quedaba con alguna chica y pasábamos la noche juntos, pero hace bastante tiempo que no estaba en ninguna relación seria. Mi vida amorosa se limitaba a recrear recuerdos llenos de polvo antes de quedarme dormido. Ya no quería saber más nada. 
Habían pasado 3 años y medio desde que mi novia murió en un accidente de tránsito. Salíamos juntos desde la adolescencia y aprendimos a ser adultos de la mano. La palabra 'extrañar' ni se acercaba a las sensaciones que vivían en mi interior. Desde que ella se fue algo adentro mío quedo desorbitado. Todas las noches me dedicaba a ordenar minuciosamente cada recuerdo, cada aroma, cada tono de voz y pedacito de piel en compartimientos especiales de mi memoria. Durante las noches ella resucitaba en mi cabeza.
Clara estaba sola, sentada en el banco de enfrente con las piernas cruzadas y anotaba algo en una libreta que le entraba en la palma de la mano. Creo que era una libreta de tapa roja. Miraba el cielo, después a la gente que pasaba por la vereda y anotaba. Llevaba puesta una campera oscura con un pantalón color arena y parecía ser unos años mayor que yo. Cada tanto seguía a algún peatón con la mirada y se frotaba las manos para después seguir anotando vaya uno a saber qué cosa.
Cuanto más la miraba más fuerte era la sensación de estar pegado al pavimento. No era una mujer linda pero había algo en su forma de actuar que me resultó atrapante. Llevaba un tiempo considerable viéndola cuando de repente levantó la vista de su libretita y me miro tan fijo como un viento fuerte que despabila. Me miró y los segundos flotaron desarmados. No se si lo imagine o fue real, pero aunque estaba a una calle de distancia, pude ver sus pupilas negras del tamaño de un botón. Bajó la vista y anotó algo. Volví a sentir el tiempo de manera normal y pude moverme, ya no sentía los pies imantados al piso. No me acuerdo su cara pese a haberla mirado con atención, mis retinas tacañas no le pasaron la información de sus rasgos a mi memoria. Su nombre real no debe ser Clara, no se por qué le digo así.
Esa noche entré a casa sintiéndome de papel. Me sentí un papel en blanco, como si fuera el principio de un libro inexistente o tal vez las páginas vacías del final. La realidad me pareció mas frágil. Me acosté, cansado, y fui a los compartimientos especiales de mi memoria como todas las noches. La quise resucitar. Busqué y trate de recordar lo único que en mi vida fue digno de llamarse amor, pero no había nada. Mire desesperadamente los compartimientos y estaban vacíos como el aire. Mi memoria era un desierto y en mis ojos nacía un río. 
Baje a la calle y crucé al banco donde había estado sentada Clara. Lloré sentado en ese viejo banco de madera y me sentí ultrajado. Sentí como si me hubieran robado algo esencial. Pensé que sería mas fácil si me hubieran amputado un brazo, o por que no, los dos. Hubiera preferido eso. Baje la vista y enganchados a una de las patas del banco vi varios papeles.
La nota que encabezaba la pila de papeles rezaba 'Gastón, 30 años, ahora son parte de mi los recuerdos de su difunta novia'


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