Hasta hace poco tuve un camino a seguir, metas y objetivos que ordenaban cronologicamente mi vida y que determinaban cuán bien o mal debería estar. Empecé a dudar de ese camino, me di cuenta que mi vida no tiene por que estar sobredeterminada, tendiendo hacia un camino específico. Esto me despertó curiosidad sobre que otras cosas hay disponibles para mi, lo cual no significa cambiar algo real de mi rutina o las cosas que hago actualmente. Es mas una cuestión de enfoque que de contenido. De repente sentí el peso de la enorme libertad que tengo en esta etapa, el peso o la levedad, como prefieran llamarlo. Me vi apreciando la vida de otros, respetando sus elecciones, no peleando con eso que para mi estaba mal sino validando que cada uno elige lo que quiere para su vida. Devalué mi personaje mas preciado, el de ayudadora (dicen que la ayuda es el lado soleado del control). Me permití ser y permití a los otros que sean.
Estas palabras están despojadas de la falsa ilusión de significar mi experiencia en un 100%, son mas bien un recordatorio personal sobre esta etapa tan extraña y cómoda de mi vida.
Me siento atrapada en la ambiguedad del lenguaje, en la limitación de las palabras y la posibilidad de exteriorizar en algún grado las cosas que transcurren en mi interior. Hoy mas que nunca, creo que las mejores cosas (y a veces las peores) son aquellas que no pueden explicarse con palabras. El sexo, la música, las sensaciones que atrapan nuestra corporeidad y por otro lado la total ausencia de ellas, es decir la muerte. Qué atractivo aquello que no podemos simbolizar mentalmente en su totalidad, aquello que escapa a nuestra supuesta característica esencial: la de ser animales racionales. Qué lindos esos momentos que te sacan del trance de lo "normal" y te recuerdan que te pasan cosas, cosas que exceden tu capacidad de control. Es tan sencillo y a la vez tan intrincado. Quizás la belleza de la vida está ahi, en la incapacidad de "comprenderlo" pero a su vez captarlo con extrema precisión.
Me escribo esto para recordarme, para poner de forma medianamente tangible algo que no quiero cederle al desgaste de mi memoria. Me escribo para contarme que en un momento me desprendí temporalmente de mandatos y supuestos para poder hacer lo que tenía ganas, como tenía ganas, cuando tenía ganas. Que perdí la necesidad de control, que me deje llevar por lo que me sucedía sin programar ni temerle a lo que vaya (o no) a pasar en un futuro.
Me escribo para contarme que estoy siendo responsablemente adolescente, me escribo para pedirme que cuando vuelva a sumergirme en un plan de vida (espero que mas subjetivamente diseñado) me acuerde de esta sensación de levedad, de los lazos sin dependencia, de ser como tengo ganas de ser.
Hoy quiero encontrarme conmigo, encontrarme con otros, estoy encariñandome con la simpleza de hacer lo que convoca las ganas, la intencionalidad sin juicios ni planes, tan solo el momento a momento.
Una vez me dijeron que lo más personal es lo mas universal, y no se si ustedes sentiran lo mismo, pero que simplemente profunda es la vida vivida desde las entrañas.
muy buena nota
ResponderEliminar¡Gracias!
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