El caminaba con tanta soltura que me enamoré. Enfundado en un traje que parecía de muy buena calidad, el hombre de no más de 30 años daba pasos sutiles con su maletín en la mano derecha y los auriculares puestos. Lo vi de atrás, tan solo compartí media cuadra, pero pude leerlo a través de su cuerpo. La camisa clara entallada, combinada con un pantalón negro y zapatos en punta le otorgaban un aspecto serio, digno de respetar, pero lo que me llamó la atención fue la forma en que se deslizaba por la calle, como si todo fuera ajeno. Rozando pero no atravesando, adaptándose al ambiente y amoldándose al oxígeno que lo rodeaba. Sólo pude fantasear, nunca vi su cara.
Señor desconocido, espero que algún día la vida vuelva a cruzarnos, Abril.
No hay comentarios:
Publicar un comentario