Camino, siento los pies a cada paso. No se a dónde estoy yendo pero tengo un objetivo: perderme ordenadamente por esta ciudad llena de historia. Levanto la vista para ver lo que este rinconcito de Europa me ofrece. Una fuente de agua en una esquina espera mi visita, me asomo y veo las monedas en el fondo, producto de deseos ajenos, pienso en los míos, descarto el pensamiento. Sigo sin ir a ningún lado, yendo a todos. Camino más y más. Respiro, eso es importante, aunque es algo automático en este momento respiro con mayor consciencia, con ganas de vivir. El aire llena mis pulmones, doblo en una esquina, llego a una plaza, visualizo una iglesia. A pesar de mi ateísmo quiero entrar, por motivos culturales quizá, igual más que un motivo lo que siento es un impulso. Entro, automáticamente me consume la insignificancia del ser, me siento en un banco al fondo de la iglesia casi vacía, tan solo diez o quince personas. Pienso, no lo puedo evitar, sigo pensando ¿En qué? en mi cotidianeidad, en aquello que no debo olvidar hacer, pienso en mi, intento mirarme desde afuera para conseguir una vez más toparme contra la pared de la subjetividad. Pienso en lo que quiero, pienso en mis proyectos a futuro. El futuro, que abismal tema de pensamiento, una vez agarrado ese sendero estoy largos períodos de tiempo consumida en el. Consumida en las fantasías, las ilusiones, los deseos, las cosas inconclusas, el miedo. Siento el miedo, se me encorva un poco la espalda, se me contrae la boca del estómago y mi pecho se comprime lenta pero despiadadamente. Miro para arriba intentando concentrarme en el techo dedicado en su totalidad a los ángeles. Intento desesperadamente deformar el miedo, llegar a su esencia, desnudarlo por completo y hacerlo mío. Intento transformarlo en esperanza, en confianza y amor. Intento, sigo intentando. Abruma. Pasan los minutos y por fin mi mente encuentra una meseta, logro atenuar la oscuridad. Quizás es una ilusión pero siento como se abre un nuevo espacio en mi, sí, probablemente este alucinando. Me gusta, el lugar, es amplio y cálido. Se para qué está, yo lo pedí. Me gustaría verlo lleno, lleno de eso que necesito, eso que busco en las calles frías de esta ciudad ajena. Eso que busco en mis calles, en mis rincones, que ahora están a tantos kilómetros de distancia.
Ya se donde encontrarlo, por algún motivo esa información apareció en mi cabeza "Ahí donde no esperas, ya lo encontraste, va hacia ti" Paciencia. Esperanza. Melancolía. Despedidas. Nuevos comienzos.
Me levanto del banco, me dirijo a la salida, me doy vuelta para ver la escultura del hombre crucificado y sonrío al ritmo del pensamiento "Para renacer es necesario dejarse morir"
Paseo por las calles, sabiendo que mi nuevo espacio espera algo, algo que esta llegando.