93 años tenía mi bisabuela. Falleció anoche mientras dormía en su anticuada cama. No se mucho sobre ella a pesar de haber tenido 17 años para compartir juntas.
Fortuna enterró a sus dos hijos, siguió hasta el último de sus días cocinando, lavando y planchando. Su cabello blanco alborotado se erizaba cada vez que milagrosamente iba a visitarla.
"Qué grande que estás Abrilita ¿cuántos años tenes?" me preguntaba en esos pocos ratos que compartíamos
Me gustaría escribir más sobre ella, pero sería ficcionalizar demasiado los acontecimientos y aunque la realidad siempre tenga impresa algo de ficción, en este caso prefiero abstenerme.
Sin tristeza pero con melancolía, escribo para inmortalizar la gran fortaleza de esa mujer a la que quizá me hubiera gustado conocer un poco más. Casi un siglo de anécdotas y recuerdos perdidos, hechos cenizas.
viernes, 27 de diciembre de 2013
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Peatón
El caminaba con tanta soltura que me enamoré. Enfundado en un traje que parecía de muy buena calidad, el hombre de no más de 30 años daba pasos sutiles con su maletín en la mano derecha y los auriculares puestos. Lo vi de atrás, tan solo compartí media cuadra, pero pude leerlo a través de su cuerpo. La camisa clara entallada, combinada con un pantalón negro y zapatos en punta le otorgaban un aspecto serio, digno de respetar, pero lo que me llamó la atención fue la forma en que se deslizaba por la calle, como si todo fuera ajeno. Rozando pero no atravesando, adaptándose al ambiente y amoldándose al oxígeno que lo rodeaba. Sólo pude fantasear, nunca vi su cara.
Señor desconocido, espero que algún día la vida vuelva a cruzarnos, Abril.
Señor desconocido, espero que algún día la vida vuelva a cruzarnos, Abril.
Tic Tac Tic Tac
No me detengo a observar detalladamente el paso del tiempo, no soy plenamente consciente de que cada minuto que pasa el sol se va corriendo para darle paso a la luna en un loop eterno llamado 'el correr de los días'. Corren, corren, corren. Segundos, minutos, horas, días, meses, años. No me paro en el medio de la calle y me fijo donde esta el sol, si hay una nube cubriéndolo o si brilla en su máximo esplendor. No me detengo a ver la luna aparecer y desaparecer. No me detengo a vivir el paso del tiempo. Nunca freno, excepto en los finales.
El atardecer, esa última exhalación con el sol frente a mis ojos perdiéndose en la inmensidad del Mar Atlántico, esa despedida que pone en evidencia el correr de las horas y los días, esa pérdida que melancólicamente sucede una vez más.
Que desesperante ver que algo se va para dar cuenta de su valor. Que agudo el dolor de la pérdida.
Que agradable el minuto a minuto sentido, la consciencia que permite el disfrute, el presente.
Sin apegos, sin rencores, tan sólo memorias me despido hoy, una vez más de mis creencias y más profundos deseos para vivir ahora esta situación que permite estar acá y no allá. Por algo será.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Ritual
Llego a casa. El cielo oscuro amenaza con iluminarse, la cama desordenada, el maquillaje corrido, la ropa tirada.
Empieza el ritual.
Empieza el ritual.
Dejo la cartera. Tiro todo lo que esta sobre cama al piso. Acomodo la plata que me quedó en la billetera. Empiezo a desvestirme. Primero los zapatos. Agua, necesito agua. Voy a la cocina, agarro una botella. Hago una parada en el baño, me miro en el espejo y pienso en no pensar. Vuelvo a la habitación. El cielo me apura, está cada vez mas naranja. Me saco la remera, después las calzas. Ropa interior demasiado pretensiosa para una noche como esta. Se escuchan los pájaros. Cajón, pijama. Me arrepiento, lo tiro al piso. Me saco el corpiño. Tomo agua. Me tiro en la cama al ritmo de un suspiro. Trato de estirar un poco las sábanas. Miro al costado, vacío. El espejo de enfrente me recuerda que no me saqué el maquillaje. Se me va a correr todo, las sábanas son blancas, me va a hacer mal a la piel. Pero no quiero, no puedo. El ritual es muy preciso, rutinario, casi automático. Pienso: bue, me lo dejo puesto, total una noche qué me va a hacer. Pero la rutina me aplasta, se que no esta bien, se que el desmaquillante me espera en el mismo cajón de siempre. Se que haberme olvidado me da vida. Me pone en circulación. Interrumpe mi rutina, mi cotidianeidad. O quizá la consiente, la muy caprichosa es demasiado exigente como para poder ignorarla. Me levanto, voy al baño, abro el cajón y ahí están. Mirándome, burlándose de que ya es de día y yo sigo despierta.
Ya no espero que irrumpan mi rutina aquellas cosas que deseo.
Ya me estoy acostumbrando a la soledad.
Me voy a dormir sin pretensiones.
Viernes, 5:15 am.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Ni piernas largas ni tetas grandes
Es más fácil. Qué simple vincularnos mediante el ego. 'Quiero sentirme más, quiero ser superior, quiero tener el control, quiero que sea sumiso, quiero que no me de miedo' Pero me aburre. Me aburre no sentir nada más que seguridad. Esta zona de confort la conozco como la palma de mi mano. Estoy cansada de dar vueltas siempre en el mismo lugar. Quiero algo distinto. Distinto aunque asuste. Distinto aunque duela. Algo que me genere interés, algo que me haga reír, temer, llorar y disfrutar. Algo distinto que este basado en una conexión más elevada. No implica seriedad. No te pido casamiento. No dejes de estar con otras personas, porque ellas alimentan tu ego más superficial y quizá a veces es necesario. Yo alimento tu ser. Develo tus mecanismos. Se tus respuestas. Sos un espejo que cruelmente revela mis carencias pero también mis virtudes. Vas a estar vacío y ya nada de aquello que creías suficiente te va a alcanzar. Ni piernas largas ni tetas grandes. Lo fácil aburre, la superioridad es cómoda pero monótona, nadie esta a tu altura. Te estancas en ese lugar, no bajas ni subís aunque tengas la sensación de que lo estas haciendo. Tu cabeza aunque terca inteligente ya asumió que estas para otra cosa. Que mereces más. Las cosas sin esfuerzo no tienen el valor que se merecen. Hace lo máximo que puedas. Aunque asuste, aunque cueste. Ya estas en el baile, no te podes quedar quieto. No hay vuelta atrás.
lunes, 11 de noviembre de 2013
Dictaduras
¿Por qué es tan difícil vivir en el presente? La mayoría de nosotros según pude observar está constantemente pensando en el pasado, en ese presente ansiado y paralelo o en el temido futuro. Nos perdemos dentro de nuestra cabeza, que en vez de ser una herramienta nos esclaviza, vivimos para ella y a través de ella. Es como si nuestro ser se redujera a una forma de pensar, de ver las cosas. Al igual que una cámara cinematográfica estamos seteados, tenemos un lente y un encuadre del que pocas veces nos podemos salir. Nuestra mente es la directora de la película y nuestra esencia se reduce a sus deseos, deseos caprichosos que alimentan nuestro ego para poder anestesiarnos de los sentimientos siempre tan temidos e indeseados. Anestesia necesaria, porque en una sociedad como la actual donde 'dolor' y 'angustia' son malas palabras, nadie se permite sentir, y el miedo, cada vez más fortalecido por esas paredes que generamos con nuestra cabeza no deja pasar a nadie ni nada ¿Para qué sentir amor si probablemente me haga sufrir? Estamos tan acostumbrados a no sentir emociones fuertes que cuando la vida nos pone forzosamente frente a ellas (un muy buen ejemplo es la muerte de un ser querido) la angustia y el miedo que durante mucho tiempo estuvieron escondidos y siendo tranquilizados por nuestro tan preciado ego se imponen de forma abrupta y desconsiderada. Por no haber sentido a tiempo, por haber reducido todas las situaciones dignas de sufrimiento, por cada centímetro que le prohibimos al dolor, tan necesario como la felicidad, la vida se lo cobra, y con intereses. Por qué es tan difícil relacionarnos con alguien que nos interesa sin sufrir, sin estar todo el tiempo pensando y tratando de callar nuestros miedos pero temiendo todavía mas a los miedos del otro. Temiendo a que tema, teniéndole miedo al miedo. Miedo a que el otro no este predispuesto a pasar por las cosas que nosotros creemos convenientes, miedo a las expectativas, miedo al futuro, miedo a haber hecho de aquella persona un gran lienzo donde plasmar nuestros deseos, que lamentablemente no siempre se condicen con la realidad, miedo al presente, miedo a que se repitan 'malas' situaciones de nuestro pasado. Miedo a vivir.
Por estar en esta frecuencia en la cual el miedo es un gran dictador, no podemos vivir en el hoy, en el presente, en la realidad. El miedo nos quita la poca objetividad que los sujetos tenemos. No nos deja ver más allá. Dejemos de tenerle miedo al amor, al dolor, a la felicidad o al sufrimiento porque mas que miedo, hay que tenerles respeto. Respetar sus formas y tiempos, sus apariciones y desapariciones. Porque siempre lo que nos pasa, aunque en ese momento no podamos verlo, es lo que nos conviene.
Por estar en esta frecuencia en la cual el miedo es un gran dictador, no podemos vivir en el hoy, en el presente, en la realidad. El miedo nos quita la poca objetividad que los sujetos tenemos. No nos deja ver más allá. Dejemos de tenerle miedo al amor, al dolor, a la felicidad o al sufrimiento porque mas que miedo, hay que tenerles respeto. Respetar sus formas y tiempos, sus apariciones y desapariciones. Porque siempre lo que nos pasa, aunque en ese momento no podamos verlo, es lo que nos conviene.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Inversamente proporcional
El amor después del amor, citando el disco de Fito Paez, siempre está repleto de miedos, de incertidumbre y comparaciones ¿Cómo sobrevivir después de haber amado tanto? Casi siempre, y más cuando somos dejados nos aferramos a esa falsa idea de que cuanto más infeliz sea nuestra ex pareja más felices vamos a ser nosotros. Pero la realidad es que esta teoría en la cual mi felicidad y la del otro son inversamente proporcionales es tan solo un escondite, un pequeño lugar donde nuestro ego, devastado por el abandono se siente protegido y alimentado ¿En qué se basa esa satisfacción que sentimos al ver que aquel al que amábamos fracasa? En el resentimiento, en la poca confianza al futuro, en el miedo al amor y en la falta de respeto hacia ese ser que en algún momento te lleno de vida. Por esto y muchos otros motivos creo que la forma más amorosa de vincularse luego del amor es continuar amando y respetando el recuerdo, estar agradecidos de todo lo aprendido y abiertos nuevamente al amor. Si seguimos llenándonos de rencor probablemente el amor decida seguir escondido, y nosotros ahogándonos en un mar de temores. Entonces, si ves a tu ex con una mina en un boliche sonreí, porque su felicidad en algún momento también fue tuya.
Agradezco el impulso de mi única lectora (como suelo llamarla) que me condujo hacia esta oportuna catarsis.
jueves, 24 de octubre de 2013
Noche de verano
Cerca de las costas del Mediterráneo una joven extranjera agobiada por la intensidad de haber pasado días enteros junto a su familia haciendo turismo busca relajarse, los paisajes lejanos la invitan a fantasear. Se imagina junto a esa tan deseada compañía, esa que aún no conoció pero que siempre reconoció como existente, esa que en contraste con sus antiguas compañías la hagan sentir mujer, esa con la cual haya una relación de respeto mutuo y admiración, esa que sólo existía en su cabeza. El mar turquesa parecía invitarla a sumergirse en un torbellino de emociones que provenían de otro lugar, de algún lugar desconocido pero que aún así sentía como propio. Era el anteúltimo tramo del viaje, después de allí partirían a una ciudad más moderna y ruidosa, la paz se quedaría en ese lugar y ella lo sabía. Tenía tan solo dos días para absorber de ese lugar la mayor cantidad de tranquilidad posible y así fue, se abrió a nuevas sensaciones durante el día, el abismo que sus ojos alcanzaban a vislumbrar sobre el mar le trasmitía confianza. Estaba donde tenía que estar.
Esa noche decide salir, recorre las calles de ese pequeño pueblo nostálgica como quien se despide de un conocido. Su vestido negro de espalda escotada resalta la textura de su piel y baila junto a la cálida brisa que acaricia suavemente su cuerpo. Luego de caminar a orillas de la costa, entra en un bar ubicado en una de las intrincadas calles cercanas al hotel donde se hospedaba. Pide un trago y se sienta en la barra situada en la terraza del bar, no conoce el idioma pero varios hombres se acercan a charlar con ella, como la mayoría de las personas tienen un buen manejo del inglés, la comunicación no es un obstáculo. Nada muy interesante, disfruta la música y el viento, mira hacia la entrada de la terraza donde aparece un hombre morocho, alto, de ojos intensos y remera roja que resalta su buen físico, digno de una publicidad de perfume. Lo observa e instantáneamente se siente atraída hacia ese hombre aunque sabe que quizá es apuntar demasiado alto para una noche como aquella. Discretamente lo seduce con su espalda escotada y su mirada, jugando entre la inocencia y la provocación. Cruzan miradas algunas veces y ella se distrae, sabe que el desinterés repentino le causará a este hombre una atracción aún mayor hacia ella. Siente su mirada clavada en su espalda, ardiendo de deseo contenido y al mismo tiempo de timidez. Minutos después el barman se acerca a ella con un trago 'cortesía del chico de remera roja', lo acepta con una sonrisa en sus labios rojos y gira hacia el muchacho quien observaba atentamente su reacción, ella realiza un gesto en forma de agradecimiento, el le sonríe cálidamente y cruza la barra hacia el otro extremo donde ella estaba ubicada. Una rápida introducción, el nativo de ese lugar, la chica del otro lado del continente. Tan lejos y tan cerca al mismo tiempo, como dos imanes determinados a encontrarse se funden en una profunda charla , no pueden controlar el deseo y ambos lo saben. La incertidumbre y ansiedad los sumerge en un océano de miradas. Saben que el bar es solo el comienzo. Caminan juntos de la mano fuera del lugar, recorren las calles del pueblo como en la fantasía de la joven, se miran, se acarician, se desean. Sin presiones ni racionalización de por medio, sabiendo que probablemente jamás vuelvan a verse, se entregan a sus deseos.
martes, 22 de octubre de 2013
De a dos
Era una tarde lluviosa, de esas perfectas para acurrucarse en la cama sobre su pecho y observar con melancolía la ventana siendo atacada por las pequeñas gotas de agua.
Era una tarde perfecta para levantar la mirada y encontrar la inmensidad en sus pupilas, para escuchar la suave melodía de su corazón latiendo contra mi oreja.
Era una tarde perfecta para no pensar, para congelar el momento o en su defecto, guardarlo en mi memoria.
Era una tarde perfecta para uno de esos debates existenciales que tanto nos apasionan, para sumergirnos en nosotros, juntos, pero por separado.
Era una tarde perfecta para compartir con esa persona, esa persona que lamentablemente no estaba conmigo, y todo esto por ser lo suficientemente cagona como para no mandar ese 'Hola, te quiero ver' que tanto retumba en mis pensamientos. Una tarde perfecta para compartir de a dos, pero no con mi ego.
Era una tarde perfecta para levantar la mirada y encontrar la inmensidad en sus pupilas, para escuchar la suave melodía de su corazón latiendo contra mi oreja.
Era una tarde perfecta para no pensar, para congelar el momento o en su defecto, guardarlo en mi memoria.
Era una tarde perfecta para uno de esos debates existenciales que tanto nos apasionan, para sumergirnos en nosotros, juntos, pero por separado.
Era una tarde perfecta para compartir con esa persona, esa persona que lamentablemente no estaba conmigo, y todo esto por ser lo suficientemente cagona como para no mandar ese 'Hola, te quiero ver' que tanto retumba en mis pensamientos. Una tarde perfecta para compartir de a dos, pero no con mi ego.
lunes, 21 de octubre de 2013
Divague de Lunes
Pensé en vos toda la tarde, me dieron ganas de saber de tu día, de preguntarte como dormiste, de saber si finalmente aceptaste que tu mamá que te prepare tostadas para el desayuno, de que me cuentes de alguna de las tantas actividades que ocupan tu agenda diaria, de que me digas que te aburre la rutina y que queres algo nuevo, de que me llenes de esos planteos racionales un ratito y que después te dejes llevar, de que estes al lado mio, de que me prestes unos minutos de silencio y algunas caricias, de que ocupes un lugar en mi cama, de contarte mis pequeños logros de la semana, de fingir no estar ansiosa por saber cuando nos volvemos a ver, de saber que no es lo mismo y que vos también lo sepas, de poder mirarte y conocerte, de que quieras conocerme, de que no nos de miedo, de atravesarnos con la mirada y la experiencia, de volver a sentir.
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